El estereotipo medieval (pt. 2)

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Estereotipos dentro del estereotipo

 

En esta segunda parte me voy a centrar en listar algunos estereotipos que suelen darse en las novelas de ambientación medieval, y explicar por qué son erróneos. Si no leíste la primera parte de este artículo, te recomiendo hacerlo antes de continuar. Antes que nada, quiero dejar en claro que cualquiera de estos puntos puede ser rebatido si le buscamos una lógica propia dentro de un mundo con sus propias leyes. Por ejemplo, si tu novela justifica por qué las vacas son verdes, no voy a decir que sea un error de documentación.

Dicho esto, los estereotipos que voy a nombrar tienen, justamente, errores de documentación, porque no se suele justificar el por qué en las novelas que recurren a ellos. Y otra vez, no digo que las novelas que los emplean estén mal documentadas, si es que tienen una justificación (volvemos al asunto de las vacas verdes).

Como curiosidad, hace años se oyó la noticia de un perro verde en Corea, y de una rana peluda en  África. No viene al caso, pero tal vez hayas escuchado de eso.

Y sin más, comencemos.

 

Estereotipos bélicos

Espadas, espadas y más espadas:

Al principio del artículo anterior dije que ésta era una imagen (un arma, más bien) muy asociada al medioevo. Pero, antes que nada, ese es un sentido común, y a veces un error tanto de los escritores como de los lectores. La espada es un arma casi tan antigua como la forja de los metales, desde el martillado de cobre en frio llegando a las espadas ceremoniales en la actualidad.

Si bien las espadas de acero no son una novedad moderna, la fabricación en masa de armas de acero solo fue posible a partir de la segunda revolución industrial. Lo más común en el período medieval europeo, era encontrar armas de hierro; aunque, repito, las había de acero también. Las espadas, además, no estaban a disposición de todos: eran caras, requerían de mucho trabajo, y solo los nobles o burgueses adinerados podían pagarlas. Ya podés empezar a dudar de esas escenas de batalla típicas con miles de espadas.

Armas en la batalla:

Retomando el punto anterior, un arma común, barata, y además una herramienta, era el hacha. Por lo que lo más habitual en grandes despliegues defensivos (no tanto ofensivos), era común encontrar entre la infantería ligera: hachas, tridentes, garrotes, o cualquier otra herramienta propia de un campesino que sirviera a su vez como arma. Si se necesitaba armar a la línea de choque con picas, éstas seguramente no fueran más que palos con punta. (¿O acaso no te suena conocido lo de: “tomen palos, o lo que sea”?)

Infantería ligera:

En el ejército defensivo no era raro encontrarse con que la primera línea (la “carne de cañón”, para qué engañarnos), estuviera formada por reclutas con poca experiencia, muchas veces llamados de reclutamientos en masa, para la ocasión. De ahí, a que las armas más comunes en este cuerpo no fueran otras que herramientas de granja.

Caballería:

Ya que hablamos de detener cargas, no podría faltar la caballería. Primero que nada, hay que dejar en claro que la caballería no solía usarse para cargar en el primer ataque. ¿Por qué? Porque la mitad de los caballos terminarían ensartados en las picas, y los siguientes, rompiéndose las patas tropezando con los cadáveres, aplastando a los jinetes, de paso. La caballería estaba formada (con excepciones siempre), claro está, por caballeros. Esto es: nobles, gente de alta cuna con título, y de nada valía perderlos en el primer asalto. Para ese suicidio estaba la infantería ligera.

La caballería se usaba para cortar retiradas, rodeando al ejército que huía. De más está decir, que un caballo era un animal costoso por entonces, y un caballo de un noble, mucho más.

Hay ciertos detalles sobre lo reacios que son los caballos a la proximidad de la sangre, y como, podían resistirse por ello a pisotear cadáveres. Pero no voy a entrar en este tema, porque quisiera citar el artículo donde lo leí, pero ya no recuerdo cual fue. Por lo pronto, podés pasar por el blog de Ana Katzen (link), que es de ahí de donde tomé este punto.

Armadura blanca:

Continuando con los caballeros, la armadura blanca, arnés, o armadura completa, apareció como tal recién en el siglo XIV. Le debemos a Hollywood una penosa imagen de estas armaduras, como moles de hierro imposibles de llevar. Por suerte para los caballeros (y los caballos), el arnés pesaba entre 25 y 30 kg, distribuidos por todo el cuerpo, con mayor carga sobre los hombros.

Y acerca de las “armaduras femeninas”, una armadura con molduras para los pechos, con un golpe bien dirigido, es certeza de tener un pedazo de hierro clavado en el esternón. Así que, no, tal cosa no solo era inexistente en el campo de batalla, sino que hubiera sido letal. Además, considerando el rol social de la mujer en la Europa feudal, ¿alguien creería que les darían posibilidad de vestir un arnés y cabalgar a la batalla?

Cabello largo y yelmo:

Por último, ¿qué soldado en su sano juicio iría a pelear con la melena ondeando al viento y sin proteger su cabeza? Si hablamos de feudalismo, hablamos de catolicismo, y con eso ya hay toda una discusión sobre el largo del cabello en la antigüedad. Pero, para ser más conciso, un soldado necesita practicidad en el campo, y el cabello largo y suelto era todo menos práctico. Ni qué hablar de ir con la cabeza descubierta.

 

Estereotipos arquitectónicos:

Castillos:

Para no dar demasiadas vueltas, no, los reyes no vivían en castillos, vivían en palacios. ¿La diferencia? Un palacio es una residencia para el monarca, un castillo es un edificio defensivo a donde se trasladaba el señor feudal cuando su tierra era invadida.

Como detalle adicional, las torres circulares fueron mucho más comunes tras la aparición de la pólvora, para desviar las balas de los cañones.

 

Estereotipos sociales:

Aldeanos cordiales:

¿Tiene algo de raro? Claro que no. ¿Aldeanos cordiales que acogen al protagonista, le dan de comer, lo abastecen para varios días más y le obsequian un caballo? Si el aldeano quiere morir de hambre en dos días, seguramente puede permitírselo; sobre todo, por regalar un caballo que seguramente sueñe con tener. O que si tiene, sea su único medio de comunicación y trabajo.

Posadas alegres con cerveza y juglares:

Las posadas eran un lugar de descanso, en especial para mercaderes ambulantes o cualquier tipo de viajeros. Pero lo más común era encontrarlas, si no en ciudades, en poblados de varios habitantes. Un pueblo de veinte habitantes al borde un camino olvidado no va a tener una posada, mucho menos con cerveza, y menos aún con un juglar.

Sobre los juglares, además, parece haber una fascinación con situar a estos personajes siempre en la misma taberna o posada. Un juglar era un artista itinerante, y necesitaba llegar al mayor público posible, por lo que su espectáculo por lo general se daba en las plazas. Y si tenía suerte, era contratado para animar las fiestas de algún señor.

Mujeres soldados:

Aunque sea poco común, dado la obviedad de la respuesta, existen autores que se empeñan en llevar equidad de géneros a sociedades calcadas de la Europa medieval. Y lo lamento, pero no, no hay posibilidad. A menos, como dije al principio del artículo, que haya una justificación.

Pero no hay que caer en el otro estereotipo de creer que todas las sociedades eran iguales. Por ejemplo, en la sociedad celta era común ver matrimonios peleando hombro con hombro. Tampoco está bien pensar que si las mujeres no peleaban, es porque eran relegadas. Los vikingos tenían esto muy claro. Si los hombres se embarcaban en expediciones que duraban meses, ¿quién iba a cuidar de la granja y la familia hasta su regreso? Y no es que no supieran luchar, porque tenían que saber defenderse; es solo que no participaban en las expediciones.

 

Estereotipos artísticos:

Libros de papel por doquier:

Si leíste la primera parte de este artículo (¿Y si no, cómo llegaste hasta acá sin notar el “pt. 2” en el título?), sabrás ya qué tan escasa y aislada era la producción de manuscritos. Disponibles en monasterios o en bibliotecas de adinerados señores, los libros no eran precisamente los objetos más abundantes.

Sí, hay excepciones como la Biblioteca de Alejandría, o la Biblioteca de Bagdad. Pero hasta no llegar, en el caso de la Europa medieval, al período bajo medieval, la producción de manuscritos era muy baja. Además de estar producidos en pergamino o vitela (ambos, pellejo animal menos y más fino, respectivamente), los libros en papel no llegaron sino hasta la invención de la imprenta. El papel era un bien escaso y mucho más caro que el pergamino, en especial porque la producción de manuscritos se centraba en Francia o Italia, y el papel debía importarse desde Suiza. Sí, desde aquel entonces se debe a que las mayores papeleras del mundo continúen estando en Suiza.

 

Conclusión (Ésta es la final, lo prometo)

Este artículo no fue escrito para desestimar historias, ni para revindicar la cultura de la Europa medieval; no al menos, solo para eso. Sí fue para demostrar cómo algunos autores eligen el camino “fácil” al copiar la estética medieval en sus historias. La estética solamente, porque la cultura, está casi ausente, y eso puede verse con facilidad en todos los errores que caen por no entender el contexto del que parten ciertas conductas o formas de vida.

¿La solución para este problema? La misma que para toda narrativa: la documentación. De nada sirve llenar un mundo con espadas de acero si no tiene ninguna industria que lo sustente. Y con esto, vuelvo al primer punto de este artículo: si está fundamentado por las leyes de su mundo, es perfectamente válido. Todo debería tener fundamento en una historia, pero en un mundo fantástico es algo primordial.

Todos los estereotipos que nombré, están fundamentados desde el realismo. Esto es, considerando que la justificación no es inventada, sino que sigue la misma lógica que en la historia real. Y si esto sucede, es ahí cuando aparecen los problemas por la obvia falta de documentación.

Tampoco hay que caer en el otro extremo, de decir que toda ambientación medieval es un estereotipo. No, de ninguna manera. ¿Por qué? Primero porque el estereotipo no es el medioevo; ya lo demostré explicando los tres períodos de esta edad, y como muchas historias se basan solo en los siglos finales. El estereotipo nunca es un Qué, es un Cómo. Y el estereotipo en este caso no surge ni siquiera por centrarse casi enteramente en los siglos XIII a XV, sino por la falta de documentación.

¿La solución entonces, es aferrarse como un historiador a la justificación histórica? Tampoco; esto es fantasía, no hay límites a la hora de justificar las razones de ser de un mundo, pero siempre debe mantener coherencia interna.

Entonces, ¿qué hacer con la edad media?

Lo que gustes. Si te gustan las historias ambientadas en dicha época: leerlas. Si te gustan y escribís: escribirlas. Como lectores, es un despropósito abandonar toda una ambientación solo por no buscar las obras que realmente saben tratarla como se merece. Y como escritores, negarse a mil años de historia “porque es demasiado cliché”, es un atentado a la profesión. Bueno, tal vez no tan drástico como eso, pero no escribir algo de gusto propio porque a otros no les atrae…

Por mi parte, puede haber mil novelas llenas de estereotipos, y como un amante de la fantasía medieval, voy a buscar aquellas que no caigan en estos estereotipos. No porque algo me guste significa que vaya a consumir todo lo que surja de ese nicho. Si algo me apasiona, le exijo calidad; creo que es lo mínimo que puede hacerse en el doble juego de escritores/lectores.

 

Conclusión (Soy un mentiroso y la anterior no era la última. ¿Queda alguien despierto por acá?)

Si hiciera otra salvedad o aclaración, lo más seguro es que ya estés preparando el harakiri. Así que, lo dejo solo en las preguntas finales de siempre.

¿Qué otros estereotipos podrías agregar a esta lista? Seguro que me olvidé de varios, y otros no los mencioné para no escribir un testamento. ¿Los considerás un error grave o crées que son algo menor?

Hasta el próximo artículo.

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3 comentarios en “El estereotipo medieval (pt. 2)

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