Una historia que va a cambiar tu vida

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Del aprecio por el realismo y el menosprecio de la fantasía

Antes de comenzar, quiero dejar en claro que esto es una apreciación genérica, no estoy considerando casos particulares. Tampoco es una crítica a los autores, sino más bien, al mercado editorial y la farándula. Y en última instancia, esto es solo una reflexión. Dicho esto, empecemos.

Estoy seguro de que habrás escuchado la frase del título unas cuantas veces. Parece ser que en la literatura ese cliché se repite más que la edad media en la fantasía épica. Y si acaso sos de esas afortunadas personas que no oyó esta frase, tal vez sí lo hiciste en su otra variante: “Los diez libros que deberías leer antes de morir”. ¿Solo diez? ¿Tan poca esperanza de vida te están dando?

Sea como sea, cuando los medios (editoriales, críticos, etc.) se refieren a esta clase de libros, generalmente coinciden en que son historias de gran contenido humano. Entiéndase por esto: dilemas complejos, situaciones graves de la vida cotidiana que pocos se animan a sacar a luz, bajezas del ser humano o bien, pensamientos de lo más elevados. En resumen, una inmensa carga psicológica que dará por resultado conflicto y más conflicto.

Pero existe otro punto en el que muchas de esas historias coinciden, y que se da por sobre entendido: son historias realistas, solo fantásticas en contados casos. Y cuando me refiero a historias fantásticas, por lo general suelen ser aquellas que relatan hechos cotidianos con alguna pizca de irrealidad (el llamado Realismo fantástico o Realismo mágico). De mundos completamente fantásticos o maravillosos, ni hablar.

 

El problema

En un arte con tantas y tantas variaciones, no solo de géneros y subgéneros, sino en la forma de tratar cada uno de ellos, dar algo por sentado, resulta irónico. El problema no es la generalización en sí, ya que esa es una forma, primeramente, de organizar las historias según su estilo narrativo, por ejemplo. El problema, más bien, está en el estereotipo; en creer que un desarrollo complejo de estos dilemas que se consideran más “humanos” solo puede darse en historias realistas. ¿Por qué? Tal vez porque se considera que en una historia fantástica el foco está puesto, justamente, en lo que resulta ajeno a la cotidianeidad.

Es casi obvia esta última idea. Pero, ¿acaso desarrollar un mundo fantástico con sus propias reglas le quita el contenido “humano” a sus personajes? A no ser que se trate de una historia plana, sin desarrollo, estoy harto de ver historias fantásticas donde los dilemas personales y psicológicos priman sobre todo lo demás. ¿O acaso no es ese el motivo de toda la atención que Canción de hielo y fuego consiguió acaparar? Puede que los autores de fantasía se vean en la tarea de trabajar en profundidad su mundo para que resulte creíble, pero si no lo hacen de la misma forma sobre sus personajes, estos parecerán figuras de cartón pintado.

¿Y acaso el desarrollo de personaje no viene dado por su aspecto psicológico? El dilema, el conflicto, y tantos aspectos más, pueden manifestarse en hechos externos, pero el problema nace en la mente del protagonista. Dicho esto, si un autor de fantasía decide ahondar en la psique de sus personajes, ¿por qué no puede llegar al mismo fin que uno de realismo? ¿Acaso un personaje fantástico no puede ser igual de “humano” por ser de una raza completamente inventada?

La cuestión, a mi entender, radica en presuponer que una historia fantástica (cualquiera sea el género), no cuida de sus personajes, sino únicamente de su mundo. Como si fuera una tarea imposible centrarse en ambos a la vez. O bien, que el conflicto de un héroe al inicio de un viaje épico, no se compara con el de un padre con una hija que ha caído en una adicción peligrosa. Considero que, si la psique está bien desarrollada en relación al mundo y al conflicto, ambos problemas pueden ser equiparados. Porque ya no hablamos de compararlos por su forma externa, sino por cómo afectan a la mentalidad del personaje.

 

Conclusión

“Una historia que va a cambiar tu vida”, por lo general, se fundamenta en sus personajes y principalmente, en su aspecto psicológico. Esto no debería poner ningún impedimento para que una historia fantástica forme parte de ese grupo. No se trata de fijarse en qué tan distinto es su mundo al nuestro, sino en qué tan “humanos” son sus personajes. La empatía está basada en gran medida, en relacionarnos con un protagonista por encontrar algo en común entre sus motivos y los nuestros. Hayamos ese aspecto de humanidad que nos hace sentirnos cercanos a él.

Entonces, en estas historias que rompen los moldes, la empatía resulta primordial, ¿cierto? ¿Y desde cuándo la empatía es exclusiva del realismo?

Como dije al principio, existen historias fantásticas (o con una veta irreal) que son vanagloriadas por la crítica. Ejemplos: Cien años de soledad – García Márquez, La metamorfosis – Franz Kafka, Frankenstein – Mary Shelley.

En última instancia, creo que estas generalizaciones que tanto afectan a la fantasía vienen dadas por un problema mayor, y es, como dije al principio, el menosprecio del meta género en sí. Relegar la fantasía a un segundo plano ante las historias realistas. Pero ese es tema para otro artículo.

 

Entonces, ¿qué opinás acerca de estos estereotipos en los que se suele caer al valorar una obra? Espero tu comentario.

Hasta el próximo artículo.

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